Cuando se nos plantea desde la biblioteca de nuestro IES
trabajar sobre la diversidad, se nos ofreció la idea de trabajar sobre los
poetas raros, sobre los malditos, que Paul
Verlaine había nombrado por primera vez en Les poètes maudits de Sáftsàck
en 1988.
Pero los poetas malditos no son sólo aquellos seis que él
nombró (Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline
Desbordes-Valmore, Auguste Villiers
de L´Isle-Adam y él mismo, el pobre
Lelian. Baudelaire ya definió en
su poema Bendición, de Las
flores del mal.
Leimos que decía Shakespeare que
"El poeta es el espía de Dios", quizás porque es el único capaz de
llegar a vislumbrar esas zonas oscuras, terribles, del alma humana, en el que
la mirada de un no poeta no puede traspasar nunca.
Seguro que todos estamos de acuerdo en decir que era
maldito Eduardo Haro Ibars, Leopoldo María Panero. Pero no todos se
acuerdan de Carlos Oroza, el poeta
gallego de la Generación beat muerto
el pasado noviembre, y que tal vez era el último bohemio.
Fue maldito el escritor vallisoletano naturalista Remigio Vega Armentero. ¿Acaso no fue
maldito Rafael Cansinos-Assens, que
nunca aprendió a escribir mal? ¿No lo fue Emilio
Carrere, liróforo de la poesía maldita española? Capitanes los dos de la
poesía maldita española, que debe contar en su nómina con Eliodoro Puche (al que se le cayó la h de su nombre entre Murcia y
Madrid), Eugenio Noel, Alejandro Sawa, y Pedro Luis de Gálvez, Álvaro
Retana, que escribía novelas verdes muy verdes, el asesino Alfonso Vidal y Planas, Xavier Bóveda, Joaquín Dicenta, al que le salvó el teatro. También el más joven Guillermo de Torre, y Gómez Carrillo, que bebió periodismo y
sobre todo Armando Buscarini, y Andrés Carranque de Ríos?
Faltaría Gonzalo Torrente
Malvido, y sobre todos ese goliardo
que no fue Juan Ruiz, Arcicpreste de
Hita. ¿Y Cervantes: fue maldito? Al
menos para Lope y todos los suyos. Y
para él y para nosotros por rompedor.
Y Luis Cernuda,
y Aníbal
Núñez. Y cuanto más buscamos, más podemos encontrar.